Aquella tarde Samanta se levanto un poco más temprano de lo comun, abrio las cortinas de la habitación, y se dirigio al baño, para lavarse el rostro y los dientes como todo los días. Abrio el closet con cierta pereza, su mirada quedo fija en la ropa, toda ella de tonos obscuros, tomo al azar una falda, un sueter de cuello alto, y unas botas altas.
Tomo la bolsa negra colgada siempre de un brazo del perchero, cruzo el pasillo, miro a ambos lados de la acera antes de cruzar la calle, camino hasta el parque que se encontraba a cuatro cuadras de le dificio donde vive, y entro a la caferia donde solia esconderse de si misma. Despues de pedir un cafe americano, saco de la bolsa papel y lápiz, e inicio una carta sin remitente, apenas le dio un sorbo al café, dejo un billete, cerro la carta y salio tal y como entro, como una hoja que empuja el viento y la inercia.
Unos pasos delante, se topo con su mejor amigo Raúl, despues de los protocolos, él se ofrecio a llevarla a una dirección conocida, ella bajo del auto, se puso pálida, vio un fantasma, metio la carta nuevamente en la bolsa, y se quedo en silencio mientras le daba una fumada al cigarrillo de Raúl. Llego a casa después de ir a comer a casa de su amigo, sono el telefono en más de una ocasión, el cual se quedo esperando, Samanta abrio un cajón, saco un frasco color ambar con la etiqueta con un nombre que no era el suyo, fue por un vaso de agua, se trago todas las bolitas blancas del frasco, tomo un poco de agua, saco la carta del bolso, se la prendio en la camiseta a la altur a del pecho con un alfiler, y cerro los ojos esperando a que la suerte se la llevará al más allá, si es que existia.
Unas semanas después Raúl firmaba unos documentos en una agencia del minsiterio publico, llevando consigo una urna, la cual llevo hasta el mar más cercano, como voluntad de un posdata de una carta postuma.